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El cognitariado se alza en Neuropa: fuerza de trabajo intermitente, trabajo cognitario y la cara oculta del capital humano estilo UE Laser Posse Sapienza Pirata (Andrea Capocci, Antonio Conti, Alberto De Nicola, Margherita Emiletti, Serena Fredda y Davide Sacco) |
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Guerras culturales: la emergencia de la clase trabajadora flexible en Europa Año nuevo de 2004. En el tren Eurostar de París a Roma viaja un grupo de intermitentes --trabajadores y trabajadoras organizadas de la industria cultural francesa-- con una misión especial. Ese mismo día, el ministro francés de Asuntos Sociales ha firmado un protocolo de reforma de la ley que ha venido garantizando el sistema de welfare de quienes trabajan en la industria del espectáculo, buscando evitar que los trabajadores y trabajadoras culturales flexibles puedan percibir ingresos durante sus periodos de inactividad. Hasta entonces, dichos ingresos habían sido garantizados y disfrutados desde los años treinta como un derecho de quienes trabajan en ese sector [1]. Había que hacer algo. Desde que en el año anterior habían comenzado a propagarse los rumores acerca del infame protocolo de reforma, una nueva forma de conflicto laboral empezó a extenderse paralelamente en Francia, expresado por un sujeto flexible que parece dar cuerpo a la mismísima máquina de desarrollo del capitalismo transformado. En este campo de conflicto emergente, la práctica de la huelga (como cuando, por ejemplo, el prestigioso Festival de Teatro de Avignon tuvo que ser cancelado), trabajada en estrecha vinculación con la práctica de la visibilización (como cuando, por ejemplo, una multitud de intermitentes irrumpió en un noticiario de máxima audiencia en la televisión francesa para leer un comunicado en vivo a los y las televidentes). Y aún así, el surgimiento inesperado de esta forma de conflicto laboral no parecía suficiente para cambiar las ideas del ministro francés al respecto. Hacia finales de 2003, el movimiento de los y las intermitentes parecía enfrentarse a una derrota. Había que hacer algo. Por eso se pusieron en acción. La ocupación de Villa Medici, la Academia Francesa de las Artes en Roma --ése era el objetivo de la precipitada visita de los y las intermitentes a Italia-- fue noticia de cabecera en los noticiarios franceses durante los primeros días de 2004. Esta acción --que tuvo lugar con la ayuda y cooperación de activistas italianos empeñados en luchas locales similares, quienes habían tenido un encuentro con los y las intermitentes pocos meses antes durante el Foro Social Europeo en París-- logró tanto expandir el territorio de conflicto laboral hacia la nueva dimensión flexible y cognitaria del trabajo como hacer efectiva la cooperación reticular de las luchas de los trabajadores y trabajadores intermitentes a nivel europeo. De esta manera, la derrota puntual de los y las intermitentes en Francia se podía transformar en una victoria en un terreno social más generalizado. La lucha intermitente pone algo en claro: los trabajadores y trabajadoras “del conocimiento” están comenzando por fin a encontrar un camino de salida a la condición posmoderna que las forzaba al silencio y la invisibilidad, cuestionando así las actuales relaciones de poder que surgen en el interior de la brave new economy posmoderna.
Comunicación, producción inmaterial y capitalismo cognitivo Durante las últimas dos décadas ha acaecido una plétora de cambios materiales que han alterado radicalmente la manera en que se organiza el trabajo. El giro lingüístico en la economía política ha supuesto que trabajemos cada vez más mediante la comunicación: es decir, que la producción y la comunicación están interminablemente conectadas. Mientras que el modo de producción basado en la cadena de montaje fabril (fordismo) imponía el silencio a los trabajadores y trabajadoras, considerando la comunicación entre sí como un acto de sabotaje, la actual dinámica de la producción inmaterial globalizada, siempre cambiante, requiere que los trabajadores y trabajadoras hablen y piensen tanto como sea posible, con el fin de optimizar y conducir la producción según los requisitos de la innovación continua. El modo estandarizado de producción masiva ha sido sustituido por un modelo de logística más reducido y diseñado para producir mercancías que responden a gustos y tendencias de consumo diferenciadas. El capitalismo contemporáneo utiliza y se apoya crecientemente en los resortes intelectuales, culturales, afectivos y relacionales que cobran forma al interior de los flujos de cooperación social. No obstante, el capitalismo nunca paga el precio completo de esta producción inmaterial: los empleos tienden a ser vías muertas diseñadas para que sus dos requisitos gemelos, flexibilidad y temporalidad determinada, encajen en las incertidumbres de los mercados financieros. Las buenas oportunidades de empleo nunca llaman a la puerta. Hoy día --en claro contraste con la extendida sensibilidad de “rechazo del trabajo” de finales de los setenta-- la idea de “hacer carrera” casi no tiene sentido para el sujeto trabajador flexible. La biografía laboral del flexitrabajador o flexitrabajadora común suele parecerse más a un mosaico que se compone asumiendo riesgos personales, y que visto de cerca se asemeja más a la figura del “empresario” que a la del “trabajador” clásico. El trabajo en la era de la flexibilidad ya no se asocia con la estabilidad contractual y la linealidad de la vida laboral a largo término, sino más bien a a un conjunto variopinto de experiencias temporales y discontinuas. De esta manera, el paradigma de la subordinación del trabajo al capital se transforma más bien en la capacidad que el capital tiene de ejercer el control sobre los flujos de movilidad entre diferentes empleos. La “necesidad” de este tipo de control social parece haber sido generada por la naturaleza cambiante de la economía misma. Dada la nueva dimensión de la fuerza de trabajo, orientada al conocimiento, ahora se hace más difícil determinar cuándo ha acabado de veras la jornada laboral. Es decir, como es la propia subjetividad del trabajador o trabajadora lo que se le pide poner a trabajar, es cada vez más complicado identificar si los intereses, la educación y las relaciones sociales propias son o no parte del proceso de producción mismo. Pero algo sí está claro: mientras que es tu vida entera la que se pone efectivamente a trabajar, sólo se te paga por la parte de ella en la que “estás en el trabajo”. Es en este contexto más general de nuevas formas de expropiación capitalista donde podemos entender mejor la experiencia de los y las intermitentes de Francia. La redistribución de la renta entre los trabajadores y trabajadoras del espectáculo en Francia ha cumplido históricamente la doble función de proteger a los trabajadores y trabajadoras durante periodos de “inactividad” estructural del sector y remunerar el tiempo que dedican a elaborar ideas, formarse, investigar y ensayar durante estos periodos “inactivos”. Pero la lucha intermitente por la defensa de sus ingresos no es simplemente la exigencia de que se garantice un estatuto especial a una parte de las trabajadoras y trabajadores culturales franceses. Porque en el capitalismo cognitivo contemporáneo esta anterior especificidad del sector del espectáculo francés se ha convertido en la condición generalizada de toda la fuerza de trabajo. Es por ello que se puede argüir que la lucha de las y los intermitentes ha evitado contenerse en forma de lucha corporativa, que no ha permanecido al nivel resistencial, sino que ha logrado un apoyo extendido en la generalidad de los trabajadores y trabajadoras del capitalismo cognitivo. Mientras la cara oculta de la nueva economía va mostrando su rostro combativo y encuentra vías para expresar conflictos que han permanecido invisibles durante ya largo tiempo, la lucha intermitente demuestra que los flexitrabajadores y flexitrabajadoras acrecentan sus formas de organización conscientes de que su condición no es ni de lejos accidental ni temporal. Flexiluchas que atraviesan la sociedad de la información El movimiento de los y las intermitentes ha demostrado claramente que en el seno de la actual sociedad del conocimiento la luchas culturales adquieren una dimensión inmediatamente política. La razón es bien sencilla: la producción se basa cada vez más en el trabajo inmaterial. La educación, la creatividad, la información y las relaciones sociales se convierten en recursos económicos primarios de las economías posindustriales, de la misma forma que el petróleo lo fue durante la edad de oro industrial en el siglo XX. Pero la lucha intermitente no ha sido el único conflicto social de su especie en el medio cultural europeo. Además de las acciones y manifestaciones impulsadas por la “coordinadora de los y las intermitentes” durante, por ejemplo, el Festival de Cine de Cannes, universidades y centros de investigación dentro y fuera de Francia se vieron sacudidos por conflictos sociales y flexiluchas durante los primeros meses de 2004. Después de atacar el tradicional welfare de los y las intermitentes --que, como hemos dicho, remuneraba los periodos de formación, los descansos y periodos de no-trabajo-- el gobierno de Raffarin propuso recortar el presupuesto científico nacional. Su primera consecuencia habría sido la sustitución de 450 científicos jubilados por un número equivalente de investigadores precarizados. La fuerte reacción de oposición por parte de trabajadores y trabajadoras de laboratorios, quienes dimitieron en masa como reacción a la propuesta del gobierno, y la movilización de 25 mil investigadoras e investigadores que tomaron las calles de París para protestar contra la precarización del trabajo científico, operaron conjuntamente para obligar al presidente Jacques Chirac a despedir al ministro responsable paralizando así las reformas. La coordinadora de los y las intermitentes junto con los grupos de científicos y científicas y los sindicatos fueron capaces de forjar fuertes relaciones políticas de nuevo tipo en el proceso de organización de estas luchas que gravitan en torno al trabajo investigador. Conflictos difusos semejantes se han desarrollado entre las investigadoras e investigadores temporales en Italia. En una serie de propuestas lanzadas en la primavera de 2004, la ministra de Enseñanza Pública e Investigación Letizia Moratti impulsó un paquete de reformas que afectaban al conjunto del sistema educativo e investigador, de las escuelas primarias a las universidades. Como parte de estas propuestas, Berlusconi y su gobierno han planeado sustituir a los investigadores e investigadoras estables por trabajadoras y trabajadores temporales con contratos renovables cada doce meses. Ya son varios miles de investigadoras e investigadores temporales quienes se han opuesto a la reforma Moratti con huelgas, asambleas y otros tipos de manifestaciones políticas. Los científicos y científicas italianas que ahora protestan se han organizado en un movimiento descentralizado y horizontal que llaman “red de investigadores e investigadoras temporales”. En pocos meses, esta red ha conseguido llamar la atención pública sobre la flexibilización de las universidades italianas, demostrando, por ejemplo, que la aportación de los 55 mil investigadores e investigadoras temporales que actualmente trabajan en las universidades italianas resulta crucial para la supervivencia de las mal financiadas enseñanza e investigación públicas. Es interesante notar que este movimiento ha logrado colaboraciones locales muy provechosas tanto con miembros del sistema educativo y de investigación --estudiantes y profesorado-- como con otros movimientos y asociaciones de trabajadoras y trabajadores temporales. Más aún, han proyectado al público una interpretación del papel que juega actualmente el trabajo cognitivo que va más allá de los campos tradicionales de la enseñanza y la innovacion: por ejemplo, conectando activamente diferentes iniciativas políticas contra la propiedad intelectual (como la campaña CRIS por los derechos de comunicación en la sociedad de la información y la European Free Software Foundation) y criticando la privatización de la producción social inmaterial, argumentando a favor del libre acceso al conocimiento. Los derechos de propiedad intelectual y la precarización del trabajo están (tal y como demuestran los conflictos en torno a la investigación en Italia) estrechamente interconectados en el control social del trabajo inmaterial. En este contexto, las luchas por el libre acceso a las ideas e innovaciones no son meras campañas anticensura, sino que se tienen que entender como parte de la pelea social y política más amplia en favor de crear una “renta de ciudadanía”. De acuerdo con la idea de que el conocimiento debería ser totalmente accesible para las redes sociales que lo producen, el libre acceso a la producción inmaterial se está convirtiendo gradualmente en uno de los derechos fundamentales reclamados por los trabajadores y trabajadoras temporales en Italia. El nuevo estatuto del conocimiento en la producción ha renovado también la agenda de los movimientos estudiantiles de las universidades europeas, en Italia, Francia, Alemania y Gran Bretaña. Junto a las demandas tradicionales de abaratamiento de las matriculaciones y tasas y las discusiones con el acuerdo de Bolonia (por el cual los países europeos han adoptado abruptamente el modelo universitario anglosajón), los grupos estudiantiles exigen cada vez más la creación de universidades en las que las ideas circulen libremente, para contrarrestar así la creciente ola de control empresarial sobre el conocimiento social. La relación entre la desmaterialización del trabajo y la flexibilización de la mano de obra no se limita a las “catedrales” de la cultura (esto es, a los teatros o las universidades). Una gran parte de nuestra economía, por ejemplo, se basa en la provisión de atención y cuidados. Trabajar como teleoperador o teleoperadora requiere, aunque no lo parezca, un amplio repertorio de competencias que van de la capacidad de manejar el lenguaje hasta la cooperación en equipo. No ha de sorprender, por tanto, que junto a los investigadores, investigadoras e intermitentes, trabajadores y trabajadoras de diferente rango en los campos de la información y las telecomunicaciones comiencen a agitar la infoesfera con sus luchas colectivas emergentes, afectando a los clientes y al público como nunca antes se había visto. Trabajadoras y trabajadores del canal de noticias de la televisión italiana RaiNews 24, por ejemplo, ha pasado recientemente a la acción de forma decisiva contra la precarización de su trabajo, ocupando literalmente el espacio virtual de la televisión, desvelando al público la realidad del trabajo informativo precarizado mediante programas de televisión realizados por ellos y ellas mismas. Al mismo tiempo, trabajadores y trabajadores de call centers en Italia han asumido la acción directa invitando a los clientes y clientas a sumarse a su lucha sobrecargando las líneas con llamadas o boicoteado los servicios. Estas luchas diversas sirven en conjunto para demostrar que el conocimiento es actualmente un bien común producido por comunidades de trabajadoras y trabajadores, cuestionando y superado la tradicional separación entre enseñanza e investigación, productores y consumidores, trabajo y paro. Todas estas luchas flexibles e intermitentes localizadas se están reuniendo en estos años en la EuroMayDay Parade (http://www.euromayday.org). La EuroMayDay ha logrado coordinar que diferentes nodos de conflicto laboral emergente en toda Europa reclamen un conjunto de nuevos derechos sociales, que incluyen el derecho a una renta básica de ciudadania, el libre acceso al conocimiento y la provisión de un Estado de bienestar universal que se extienda hasta cubrir tanto la producción como la reproducción. El enemigo común de estas diferentes formas de organizar el conflicto es la economía neoliberal europea (que se sostiene principalmente sobre el trabajo inmaterial de los trabajadores y trabajadoras cognitivas) y las instituciones que la apoyan (desde los gobiernos hasta grupos de presión empresariales), que se oponen explícitamente a cualquier reconocimiento formal (y económico) de las nuevas formas de trabajo y reproducción social. Dar forma al commonfare y a la flexeguridad [2] Las nuevas formas productivas que definen el tránsito a la nueva economía cognitiva están produciendo finalmente un sujeto radical emergente. La primera ola de flexiluchas que hemos explicado en este artículo están ya empezando a expresar los nuevos elementos de esta subjetividad radical: por ejemplo, sus propias formas de autoorganización que van más allá de cualquier esquema clásico de representación sindical; y sus propias prácticas que desplazan el conflicto laboral desde el nivel de la negociación al de la comunicación y los flujos dominantes de información que la componen. Estas flexiluchas han rechazado hasta ahora de forma eficaz ceder a ningún poder representativo o dejarse controlar por jerarquías o burocracias sindicales oficiales; a cambio, han conseguido crear formas transeuropeas de intercambio entre los movimientos sociales. (Re)presentan por sí mismas una fuerza capaz de hackear los puntos calientes del conflicto social, mostrando una capacidad inmediata de traducir sus propias competencias de cooperación social (que es lo que el trabajo cotidianamente exige) en estrategias y herramientas eficaces en el terreno del conflicto laboral emergente. Estas flexiluchas han implicado también un proceso de aprendizaje colectivo. Al igual que los periodos de “inactividad” que los y las intermitentes exigen que se les remuneren, la formación es central y directamente relevante para el proceso de producción en su conjunto. La formación en el empleo, fuera del empleo, de nuevo en el empleo; formarse en la actividad y aprendiendo a hacer, es una cualidad constitutiva del trabajo vivo en la economía cognitiva y una de las maneras más importantes en las que la cooperación social se pone a trabajar para asegurar el beneficio y la explotación. La educación y la formación son también, no obstante, el fundamento de las exigencias de una renta de ciudadanía, del libre acceso a la información y del derecho a compartir el conocimiento como un bien público. Pero lo más importante de todo --como demuestra la emergencia e interconexión de las flexiluchas difusas que atraviesan la sociedad informacional-- es que la formación consiste en el intercambio de capacidades, tácticas y estrategias que permitan a los trabajadores y trabajadoras flexibles en todo Europa federarse y luchar en conjunto por la flexeguridad y con el fin de alcanzar un potencial organizativo de su subjetividad radical.
Traducción castellana y anotaciones de Marcelo Expósito a partir de la versión inglesa: “The Cognitariat Rises Across Neuropa: intermittent labour, cognitive work and the dark side of EU-style human capital”, <http://www.flexmens.org/cognitariat.rtf>, texto escrito y difundido en 2004.
[1] La ley de protección laboral en Francia de los trabajadores y trabajadoras “del espectáculo” (teatro, comunicación, industria audiovisual…) llevaba operando varias décadas y consistía en una interesante medida de protección para un tipo de prestación laboral, en el momento en que fue concebida, excepcional, por su irregularidad, en el marco del welfare europeo garantista del empleo estable, fruto del pacto entre trabajo y capital que logró una salida para la catástrofe bélica. Dicha ley garantizaba la continuidad en el ingreso de renta a tales trabajadores y trabajadoras por mecanismos algo diferentes del subsidio de desempleo pensado para la reinserción de la mano de obra en el mercado de trabajo. Como explica este texto, la garantía de renta para los trabajadores y trabajadoras intermitentes durante el tiempo de “no-trabajo” se podría interpretar de facto como una manera de reconocer el carácter socialmente productivo y en varios sentidos rentable de aquella parte de su actividad que stricto sensu se desarrolla “fuera” del mercado de trabajo: autoformación, investigación, modos de cooperación y relación productiva no asalariada, formas de relación social históricamente consideradas “reproductivas” y no directamente “productivas”, etcétera. Es decir, de aquellos aspectos que el capitalismo actual tiende cada vez más a explotar sin compensación por situarse “fuera del tiempo de trabajo”, quedando a expensas del propio trabajador o trabajadora. El ataque gubernamental a esta ley garantista, mediante la firma en 2004 del protocolo de reforma del estatuto laboral de los trabajadores y trabajadoras intermitentes, disparó, como aquí se apunta, un movimiento social fuertemente organizado en torno al doble eje de (a) la acción directa y la desobediencia civil y (b) la producción de reflexión teórica, conocimiento político y contrapropuestas de organización de la relación trabajo-renta que permitió que la protesta inicial evitase rápidamente resguardarse en las reivindicaciones sectoriales, para, al contrario, desbordarse hacia un movimiento de alianzas y de horizonte social amplio. En efecto, si, como se ha mencionado, en los inicios de la citada ley en los años treinta lo que se protegía era un tipo de prestación laboral que se habría de considerar excepcional (intermitente, discontinua...), la intermitencia en la industria del espectáculo constituye actualmente una forma paradigmática del trabajo en general en la era de la movilidad y la flexibilidad que sintéticamente describe este texto. Como se explica en los escritos de Maurizio Lazzarato y Antonella Corsani reproducidos a continuación en este volumen (Brumaria, nº 7, Arte, máquinas, trabajo inmaterial), el movimiento de los y las trabajadoras intermitentes (y, más recientemente, también autodenominados "precarios") del espectáculo ha sorteado las limitaciones de la acción directa meramente confrontativa y de la reivindicación sectorial de corte sindical más o menos clásico para ponerse a pensar cómo esta condición actualmente paradigmática de su intermitencia puede servir para concebir formas de relación entre el trabajo y el reparto social de la renta que permitirían no solamente que las condiciones básicas de vida de las personas se desligasen del chantaje y el dominio del mercado laboral neoliberal, sino que también garantizarían que dichas condiciones de vida pudieran ser portadoras de una autonomía mayor (¡y real!) a la hora de que el trabajador y la trabajadora pudieran decidir entre intercambiar su trabajo por un salario o bien destinarlo a otras tareas de producción social no mediatizadas por el mercado. Para más información, visítese el sitio web de la Coordination des Intermittents et Précaires d’Ile de France (CIP-IdF): <http://www.cip-idf.org>. Allí están documentadas las acciones que menciona este artículo [NdT]. [2] Como se desarrolla a continuación en el texto: flexeguridad (flexecurity en inglés) sería un sistema de derechos laborales basado no en el retorno a la primacía de las (viejas) formas de empleo estable, a la sujección de la mano de obra a la disciplina de un empleo de por vida y a la centralidad del trabajado asalariado en la construcción de la vida propia, sino que garantizase nuevas formas de seguridad y protección para un tipo de flexibilidad laboral cuyo control y disfrute estaría en manos de los propios trabajadores y trabajadoras (y no, como ahora lo está, del capital); commonfare, derivado del viejo welfare, sería una transformación del Estado de bienestar que consistiría no en su puro y simple desmantelamiento en favor de las políticas neoliberales de privatización, sino en la garantía efectiva del disfrute universal, público y sin cortapisas de los bienes comunes (entendiendo por tales no sólo los bienes materiales, sino también los inmateriales e intangibles) [NdT]. |
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