Inauguramos una sección de entrevistas con profesionales que despliegan un proyecto singular en distintos ámbitos del conocimiento: artístico, psicoanalítico, político, filosófico, científico… Una serie de conversaciones para tantear la actualidad de los saberes constituidos, sus dinámicas y su lugar en las estructuras sociales. Montserrat Rodríguez, psicoanalista y miembro de Brumaria, coordina el trabajo en colaboración con Pablo Posada Varela, filósofo y Carlos Gómez-Camarena, psicoanalista.

Estrenamos la sección conversando con Laura Kait, psicoanalista y fundadora de UMBRAL, una red de atención psicoanalítica que desde hace 17 años sostiene el propósito freudiano de instituir un dispositivo analítico de carácter comunitario. Una red en expansión que cuenta con más de cien psicoanalistas que trabajan en el territorio del Estado español.

Brumaria conversa con Laura Kait, fundadora de Umbral

“La salud también está gobernada por el mercado, gobernador en casi todos los ámbitos… Para que se vendan medicamentos, se necesita que el ciudadano enferme. No se necesita programar la salud sino el malestar, la angustia, el sufrimiento… El capitalismo necesita un homo ignorante, un homo consummatio, me permitiréis el neologismo. Un hombre del consumo. Un ser humano consumidor de gimnasios, de internet, de drogas ilegales y de drogas legales. Cuanto más necio, mejor consumidor”.

Montserrat Rodríguez Garzo. Laura, empecemos la conversación presentando UMBRAL.

Laura Kait. UMBRAL es una Red de psicoanalistas reunidos para facilitar la atención clínica adecuada a honorarios accesibles, adaptados a las posibilidades de cada persona.

UMBRAL nace de dos características importantes en los dispositivos de atención de los Centros Públicos y en las consultas privadas. En primer lugar, en la red pública de salud no hay tiempo para escuchar el padecimiento del paciente. El profesional –médico o psiquiatra- ha de despachar con agilidad las demandas que desbordan absolutamente lo que se puede llegar a atender en el ámbito de lo que llaman “salud mental”, transformándose en la más insalubre de las mentalidades. Unos pocos psicólogos han de atender la urgencia o el escándalo social, el maltrato en las familias, las melancolizaciones y riesgos de suicidio por falta de trabajo, la locura, las adicciones, el acoso laboral y de género… En el caso que puedan y los dejen, los psicólogos y psicoanalistas que trabajan en servicios públicos, atienden con un poco más de tiempo. Lo que reciben son casos muy graves que acaban siendo medicalizados, o en el mejor de los casos tendrán una visita psicoterapéutica cada 30 o 45 días. No hay tiempo para sostener, para acompañar, para escuchar la causa del padecimiento.

En el caso de la psiquiatría, es posible prescribir pastillas de todos los colores en 10´ y la próxima cita, dentro de tres meses. Pero… es gratis; mejor decir, ya está pagado con nuestros impuestos. En la red de atención privada ocurre lo contrario: se puede elegir entre las más diversas escuelas “psi” para ser atendido. Y si el paciente puede pagarlo, asiste semanalmente o dos o tres veces a la semana. Así, una atención adecuada quedaría reducida a quien puede pagarla. Entre estos dos modelos, uno fallido en términos de atención por el exceso de pacientes y el poco tiempo y los pocos profesionales y el otro reservado a clases pudientes colocamos un UMBRAL para que haya movimiento y que la cuestión económica no sea obstáculo para recibir la atención clínica adecuada a cada sujeto y con el tiempo necesario.

Hasta aquí la vertiente que afecta al paciente.

En cuanto a los profesionales, somos psicoanalistas. Incluso los psiquiatras que hay en UMBRAL -para interconsulta, para medicar cuando es necesario o para ajustar medicaciones excesivas- tienen formación psicoanalítica. La elección de este referente teórico define una posición ética: la de trabajar con el deseo de cada paciente, intervenir para que el propio deseo marque el camino que pueda seguir la persona que pide atención para deshacer su malestar. No saber del deseo, negarlo, ignorarlo, no saber de la relación que cada cual tiene con sus síntomas, no escucharse ni ser escuchado suelen ser las causas del sufrimiento psíquico. La fábrica de síntomas.

Los profesionales de UMBRAL se incorporan a la red por conciencia solidaria, con sus recorridos e intereses. En la actualidad somos más de 100 profesionales, podemos atender en ocho idiomas y trabajamos en Cataluña (cuatro sedes: Barcelona, Girona, Tarragona y Figueres) nueva sede en Coruña y podemos derivar en Madrid, Alicante, Valencia y Mallorca, donde no hay sede, pero sí analistas colaboradores. Abarcamos la clínica definida por el malestar psíquico (la mal llamada salud o enfermedad mental); atendemos a niños, adolescentes, jóvenes y adultos. Recibimos demandas individuales de parejas y de familias. Trabajamos con neurosis y psicosis. Trabajamos con sujetos que padecen angustia, frustración, malestares físicos sin origen orgánico, duelos, dolencias psicosomáticas; con violentos y víctimas de la violencia; con aquellos síntomas y fenómenos de los que vienen mal designados como “trastornos”, nomenclatura en expansión: gente que sufre por lo que entra o no por su boca (¿trastornos de alimentación?), niños que padecen de lo que ha entrado o no entra por sus oídos o por sus ojos (¿trastornos de atención? ¿de conducta?), y así un largo etcétera que abordamos con el tiempo que cada cual necesita, sin etiquetar y sin medicalizar innecesariamente. Con el tiempo de escuchar para comprender y ayudar a escucharse.

M.R.G. Laura, tu presentación de UMBRAL abre preguntas en torno a un buen número de cuestiones, entre ellas las que se derivan de lo que se articula entre la salud como derecho y la asistencia como respuesta política.

El psicoanálisis es una práctica política. Así lo definimos los psicoanalistas y trabajamos con esta supuesta identidad. Así lo pensó Freud. Siendo antiquísimo lo que sostiene este axioma (1918), su fundamento centenario es de una actualidad espectacular: un espectáculo son las derivas actuales de lo que enunciamos con el sintagma “salud mental”, cuyo reverso implica la supuesta enfermedad mental del ser humano que no encaja en la normatividad establecida por las dinámicas del poder en las distintas épocas de la historia de la humanidad.

Poder – ser, ahí (me gusta exponerlo así). La potencialidad del ser dónde el sufrimiento hace tal mella que lo diluye. La dilución del ser-ahí. O su desaparición. Retomo lo antiguo del axioma con una referencia académica: “La institucionalización del movimiento psicoanalítico fue parte indispensable para la puesta en práctica del programa de expansión y consolidación científica, terapéutica y social del psicoanálisis que Freud propone en 1918. Este programa guió al movimiento psicoanalítico entre 1918-1933, y estuvo al servicio de la realización del proyecto de desarrollar una “psicoterapia para las masas…”. Se exalta lo comunitario, pero aumenta la distancia real entre la asistencia en Salud Mental y los Servicios Sociales cada vez más cercanos a la vieja beneficencia y convertidos en precarios servicios de atención en crisis. El vigente Plan Estratégico en Salud Mental de la Comunidad de Madrid, para el periodo 2010-2014 sanciona los principios de modernidad, profesionalidad y cientificidad en aras de una progresiva (¿o más bien deberíamos decir regresiva?) especialización. Es decir, todo lo opuesto al modelo de asistencia comunitaria que surgió para combatir precisamente la «especialización», para sacar la enfermedad mental del ámbito del hospital psiquiátrico y reintegrarla a la comunidad, resignificándola más allá del discurso médico-científico”[1].

UMBRAL, un dispositivo no tan antiguo, trata de responder al discurso que lo constituye ¿Cómo y cuándo se dio la ocurrencia?

L.K. Supongo que el artículo de 1918 al que te refieres, es “Los Caminos de La Terapia Psicoanalítica”, donde Freud efectivamente señala que en su tiempo el psicoanálisis sólo es privilegio de las clases adineradas, pero que espera que en el futuro se crearán instituciones que atenderán gratis al pueblo. También aclara, que si el Estado no asume esta tarea deberá estar a cargo de la beneficencia privada. Y cito “los pobres están menos dispuestos que los ricos a renunciar a su neurosis pues la dura vida que les espera no ofrece atractivo alguno y la enfermedad les confiere un derecho más a la asistencia social”. El alcance político de estos tres renglones es enorme y lo iré matizando más abajo.

Entonces, ¿Cómo y cuándo se dio la ocurrencia de UMBRAL? Fue a finales de 2001. Nos reunimos por primera vez las cuatro mujeres fundadoras. El año de inicio de la atención clínica fue 2002. Se dieron tres causas, convergentes:

  • Yo trabajaba en una institución de la DGAIA (Dirección General de Atención a la Infancia y la Adolescencia de la Generalidad de Cataluña) con embarazadas y madres adolescentes[2]. Mientras vivían en la Residencia Maternal, tenían dos visitas a la semana con la psicoanalista. La ley las amparaba hasta los 18 años y de allí a la calle con y en las condiciones que pudiesen. Lo que, entre otras cosas, significaba que se quedaban sin tratamiento. Con aquellas que lo desearon, continuamos el tratamiento en plazas, bares, caminando por la calle… Y ahí surgió una primera idea, estas muchachas con mínimos recursos podrían seguir el tratamiento pagando lo que pudiesen. Así, la primera propuesta fue ajustar honorarios a lo que cada uno pueda pagar, descartando absolutamente la beneficencia que coloca al supuestamente “bueno” en un lugar de Poder y al “pobre” del lado de recibir caridad, cuando sabemos que en un tratamiento analítico quien trabaja sobre sus síntomas es el paciente. Se paga por el trabajo propio. Por otra parte, la mejor manera de pagar y la más barata, es con dinero. De lo contrario se paga con sacrificio, con síntomas, con culpa, etc. etc. Y siempre es más caro.
  • El mal llamado “corralito” en Argentina (que en verdad fue una maniobra para que los ricos robaran a los pobres; como en el resto del planeta), generó una nueva migración hacia España. Esta vez no política sino económica. De gente que migra para juntar dinero para poder volver, sujetos de la nostalgia, de hogares destruidos, de separaciones traumáticas. Y los argentinos saben de los beneficios del psicoanálisis. Y lo saben, gracias a otra gran migración, la de los psicoanalistas judíos, perseguidos en Europa a principios de la persecución nazi, que se exiliaron en gran mayoría o en Buenos Aires o en Nueva York, dos centros intelectuales muy importantes para el desarrollo de esta disciplina en América. Entonces, muchos migrantes -otra vez- efecto de la crisis en América Latina, llegaban a Barcelona, sin recursos económicos y fueron usuarios de UMBRAL. Esta segunda causa ha dado lugar al trabajo con otros migrantes, por extensión con aquellos ciudadanos locales, también afectados por la segregación[3]. Paradigma de la sociedad actual, el exilio local. Exilio de los lugares de trabajo, exilio de sus hogares por no pagar la hipoteca, exilio de las buenas escuelas para los hijos, exilio del confort reservado a los ricos que segregan.
  • El psicoanálisis estaba siendo eliminado (segregado también) de la atención pública, en beneficio de las psicologías cognitivo conductual y sistémica que proponen, o modelos preestablecidos de sistemas de funcionamiento supuestamente ideales y correctos o el uso de la química en connivencia con el sistema psiquiátrico actual en beneficio de la industria farmacéutica y sus cómplices, los políticos (no importa si derecha o izquierda) que sancionan leyes en base a la “evidencia científica” (nueva religión) y a la actividad de médicos obligados por protocolo a ser suministradores de droga como única terapéutica.

Estas tres causas generan esta propuesta: armar/tejer una red de psicoanalistas.

Para concluir con este punto, lo que Freud planteaba en 1918 no es “antiquísimo”. Pasaron solo 100 años. Para la humanidad eso es nada, es actual. Solo que el Poder Capitalista nos quiere dentro de una velocidad de vértigo, donde sea viejo lo de ayer para consumir lo nuevo. Y resulta que muchas veces es en lo viejo donde reside el saber y la experiencia de lo humano… Este que parece otro tema, no lo es. Hablar y escuchar es antiguamente humano y pocas instituciones sanitarias hoy, tienen de eso. Tienen pastillas, que son rápidas de prescribir, están en el orden del consumo y de la inmediatez, del “aquí y ahora”. Un verdadero atropello intervenir así contra el -padecimiento- humano.

M.R.G. Señalo algunas cuestiones que enmarañan el conocimiento público del discurso psicoanalítico, aspectos que lo enredan, que lo oscurecen; aspectos que apuntan a la causa del malestar y a las derivas de la psiquiatría contemporánea, para conocer la posición de UMBRAL en estos ámbitos.

El psicoanálisis se relaciona con un dispositivo sofisticado al servicio de un sector social que dispone de recursos económicos y simbólicos que facilitan un tratamiento que interroga la causa del malestar, de los síntomas que dan lugar al sufrimiento y de lo que sostiene ese mal. Saber de la causa no se resuelve con el “pastillazo”. El medicamento palía, siempre que haya un diagnóstico adecuado derivado de la fenomenología con la que se presenta el malestar, pero no resuelve la causa ni disuelve la insistencia. UMBRAL considera el abordaje psiquiátrico, en muchas ocasiones necesario para poner en marcha un trabajo sobre los síntomas, pero no lo propone como respuesta sino como complemento. ¿Es así?

Respecto a tu trabajo en la DGAIA con embarazadas y madres adolescentes, decías: “la ley las amparaba hasta los 18 años y de allí a la calle con y en las condiciones que pudiesen. Lo que entre otras cosas significaba que se quedaban sin tratamiento. Con las que lo desearon, continuamos el tratamiento en plazas, bares, caminando por la calle… Y ahí surgió una primera idea, estas muchachas con mínimos recursos podrían seguir tratamiento pagando lo que pudiesen”. Decías, al fin y al cabo, que el dispositivo analítico es un lugar determinado por el deseo de saber sobre los propios síntomas. Esto fulmina el mueble, el tópico del diván como imagen asociada al dispositivo analítico. Dices también, respecto al pago, que es el paciente el que paga por trabajar. Generalmente el trabajo se cobra, no se paga por trabajar: “… en un tratamiento analítico quien trabaja sobre sus síntomas es el paciente”. ¿De qué trabajo hablamos para tener que pagar por trabajar? Lo que expones subvierte lo que cualquiera asume en relación al trabajo, una alteración que toca “la línea de flotación” del discurso capitalista.

¿Qué puede decir UMBRAL del resultado de esta experiencia clínica en la DGAIA? ¿Qué curso tuvo?

L.K. Dado que son varias preguntas (sobre el abordaje psiquiátrico, el dispositivo, el uso del diván, el pago y el trabajo analítico, y la experiencia clínica en la DGAIA ), separo y numero las respuestas.

  • Sobre el abordaje psiquiátrico: Si alguien llama a UMBRAL para atenderse con un psiquiatra no lo derivamos, es decir, no podemos alojarlo. El medio en el que vivimos está lleno de posibilidades de atención psiquiátrica, en la Seguridad Social o en las consultas privadas. Los psiquiatras de UMBRAL solo reciben pacientes que estén en tratamiento en la Red. Es el profesional que conduce la cura, el psicoanalista, quien decide la derivación a psiquiatría, ya sea porque considera que su analizante necesita medicación como recurso coadyuvante, ya sea porque viene con una medicación que no considera apropiada y que sería necesario revisar o ajustar. En general los pacientes que llegan medicados, lo están de manera excesiva y a veces este exceso los deja dormidos, inactivos. Para empezar, el paciente ha de poder hablar de lo que le pasa, no dormirse. No ser un sujeto pasivo en su malestar.
  • Sobre el uso del diván: De ninguna manera soy partidaria de “fulminar” el diván. La cuestión es preguntarse para qué sirve. Y la respuesta es: para sacar de juego la mirada. Eso es lo que importa. El ojo, ese órgano definido “como el espejo del alma”, sirve sobre todo para no dejar ver y para pasarse la vida espejando y buscando espejos. El psicoanálisis va de la palabra y la voz a la oreja y cuanto menos ojo hay en juego, mejor se escucha… Se escucha el sujeto del enunciado y el de la enunciación; al paciente diciendo lo que dice y también se escucha lo que no puede decir, aún. No lo dejamos a la deriva, buscando en la mirada del otro aceptación o rechazo por lo que asocia, por lo que piensa o incluso sobre lo que tontea. También se puede sacar la mirada de juego paseando por la calle, o sentada en un parque escuchando a una adolescente mientras se mira los árboles, por ejemplo. El diván, entonces, es muy cómodo para estar con el cuerpo tranquilo y descansado, con la mirada fuera de los ojos del otro, lo que facilita que esa voz que dice se escuche a la vez que es escuchada.
  • Sobre el pago y el trabajo analítico: Cuando un paciente llega al análisis, lo hace con una enorme deuda, esa que se acumula desde que nacemos por el solo hecho de existir. La deuda a los padres. A la que se van sumando otras, conscientes e inconscientes, que acumulan culpa, remordimientos, síntomas. Comenzar a pagar con dinero es una buena manera de dejar de pagar con el cuerpo, con los síntomas. Reitero lo que ya comenté: lo más barato es lo que se paga con dinero. Y en psicoanálisis se paga por el saber, por saber de lo propio. Un producto nada cotizado en el Capitalismo. Por un saber muy especial, saber del propio deseo, para no vivir contra él sino favoreciéndolo. No para desear lo que se quiere, o que nos dicen que debemos querer (coches, casas, títulos, reconocimientos, etc.) sino para querer lo que se desea por estrafalario que a los otros les parezca. Luego, también intervenimos para saber -y es una clínica difícil- limitar aquellos deseos que podrían ir en contra de otros sujetos, en el caso de la perversión, y en contra del propio sujeto que acabaría en la cárcel por no saber acatar las leyes de lo social. Delicada articulación entre lo social y lo subjetivo.
  • Sobre la experiencia clínica en la DGAIA, UMBRAL no tiene nada que decir. Ha sido una experiencia solitaria como profesional. Y diría que muy solitaria, aunque acompañada por profesionales de otros campos, educadores en su mayoría, pero también médicos, trabajadores sociales, pedagogos. Ya he comentado que escribí un libro sobre esta experiencia con embarazadas y madres adolescentes. Creo que allí pueden ir los interesados por el tema. Lo que agregaría hoy es que el psicoanalista, mejor que esté en tránsito por las instituciones. Trabajé en la Residencia Maternal ocho años. Buen tiempo. Luego supervisé otra Residencia parecida, durante unos tres años. No nos conviene congelarnos en un puesto de trabajo. Creo que nos va mejor el movimiento, ser psicoanalistas en tránsito, de umbral a umbral.
  • Sobre el dispositivo, cuando un sujeto llama a Umbral, se le explica como trabajamos y si está de acuerdo se le da hora para una primera entrevista que es de derivación. Como somos más de cien psicoanalistas, cada uno con sus experiencias clínicas particulares y cada uno de ellos puede decir qué tipo de paciente puede o desea recibir. En esa primera visita escuchamos la demanda y el sujeto sale con una tarjeta con el nombre y teléfono del profesional que conducirá su cura. Hablamos con el psicoanalista a quien hemos derivado y le explicamos sobre la llegada de este nuevo paciente. A partir de ese momento el vínculo queda acotado a la cura, entre el analista y el futuro analizante. Cada tratamiento tendrá las particularidades propias de cualquier psicoanálisis.

M.R.G. Umbral es una institución en expansión que introduce el discurso psicoanalítico allí donde hay demanda de atención, con independencia del carácter socioeconómico y discursivo del ámbito en el que se genere la demanda. Esta fluidez se observa, por ejemplo, en que sus colaboradores están vinculados a distintas instituciones. ¿Qué orientación analítica predomina?

L.K. La mayoría de psicoanalistas que hay en UMBRAL son lacanianos, y por lo tanto también freudianos. Entre los colaboradores de la Red, hay gente de las diversas instituciones, ya sean asociaciones, escuelas o grupos. Es un lugar de encuentro de distintas orientaciones siempre dentro del psicoanálisis.

M.R.G. Freud y Marx, siguiendo a Foucault, pertenecen al campo de los fundadores de discurso. Dos contemporáneos paradigma de la subjetividad de una época que subvierten lo establecido construyendo dos modos discursivos, el psicoanálisis y el marxismo. Ambos crean “la posibilidad y la regla para la formación de otros textos” abriendo el espacio sin que su causa deje de pertenecer a lo específicamente fundado.

Turner muere a mitad del XIX, Mallarmé y los Lumière están en plena producción, Ramón y Cajal asienta los principios de la neurología contemporánea… Todos autores de formas nuevas que, inscritos en las construcciones discursivas de la época, representan la evolución de los discursos establecidos, innovaciones que significan el avance no la ruptura. Pero el marxismo, en el ámbito filosófico, y el psicoanálisis, en el clínico representan un corte en la producción discursiva, una incisión que permite la lectura de la causa de cualquier producción discursiva. No me refiero al contenido ideal de los discursos sino a lo que representa el saber sobre la economía del goce en el ámbito clínico, y por ende político, o de la plus valía en el ámbito socioeconómico. Esto viene al caso ya que hablamos de UMBRAL, una institución con estructura de red (con ciertos rasgos «millennial») en la que cabe una política que actúa con la responsabilidad (capacidad de responder) en el ámbito comunitario pensando analíticamente las nociones de deuda, pago y valor. También tiene lugar la pertenencia de sus colaboradores a distintas instancias psicoanalíticas, excepción en el ámbito psicoanalítico, a veces más cercano a las políticas pre-modernas que a las que convienen a la sociabilidad contemporánea. Una institución que insiste en perforar el mayor logro del capitalismo contemporáneo: el embrutecimiento del ser humano, la reducción de su sapiens potencial a la mecánica más elemental: la que propicia la industria farmacológica auspiciada por la supuesta cientificidad que inviste la mercadotecnia.

¿Contemplaste estos rasgos cuando fundas Umbral? La posición de Umbral, ¿tiene algún efecto en las escuelas o instituciones a las que estén vinculados los psicoanalistas colaboradores de Umbral? ¿Cabría extender este servicio a otras comunidades del Estado español?

Lo que vamos comentando apunta al corazón de las políticas de los gobiernos actuales para la supresión del psicoanálisis del ámbito del que surge, el de la salud mental. Freud era un excelente neurólogo. De esa excelencia dan cuenta sus aportaciones neurológicas que, en cierto modo, dieron lugar a la producción del discurso analítico (al inconsciente como causa y a saber de sus articulaciones a lo real). Lacan era un excelente psiquiatra, buen conocedor de la historia de la psiquiatría en la que produce un corte radical al plantear la psicogenia de las psicosis, no su organicidad. Winnicott, un extraordinario psicoanalista que no abandonó la pediatría. François Dolto, pediatra también, feminista activa y psicoanalista, puso en marcha dispositivos para la atención en la más temprana infancia. Henry Ey, elogiado por López Ibor (paradojas de la historia: en pleno franquismo se elogia el edificio conceptual de un psiquiatra que puso en cuestión el predominio de la intervención bioquímica en las psicosis[4]) no pasaba por alto las tesis freudianas para pensar los hechos de la psiquiatría… Es extensísima la relación de clínicos ilustres, unos médicos y otros no, que, sin obviar los supuestos de la medicina, trabajan clínicamente con el discurso analítico. Hoy, desde las instancias gubernamentales se trata de suprimir lo que del orden del pensar se genera en la posmodernidad… y paralelamente se invierte en memoria histórica. Una supresión que no es ajena al cambio de paradigma que genera la guerra fría…  ¿Qué puedes decir de un tejido ideológico en el que la trama es la supresión de lo que propicia el pensar y el poder hacer con lo pensable y con los efectos de lo impensable?

L.K. UMBRAL fue fundada con el criterio de invitar a psicoanalistas de distintas instituciones, asociaciones y escuelas. De hecho, empezamos cuatro analistas, dos lacanianas y dos junguianas, que trabajamos varios años en y por UMBRAL. Las junguianas luego lo dejaron por exigencia de su propia Asociación. Desde este origen, hay psicoanalistas de todos los grupos de Barcelona. He pasado por alguna de esas instituciones que tienen como objetivo fundamental la formación de psicoanalistas. Es un trabajo que hacen bien y hay donde elegir. A mi me preocupaba otra cuestión: pensar qué decimos cuando hablamos de psicoanálisis en extensión. En general se piensa ese espacio como el encuentro con los otros campos: psicoanálisis y medicina; psicoanálisis y arte, psicoanálisis y literatura, psicoanálisis y educación… Y, tal vez por mi interés por lo social y lo político -nunca he sido una analista encerrada en las cuatro paredes o de mi consulta o de mi institución analítica- pensé que la extensión del psicoanálisis habría de ser la extensión de su clínica. ¿Por qué? Porque hace bien. Funciona. Hay cura posible.

En cuanto a la formación del psicoanalista ya la decidió Freud en 1918 (Sobre la Enseñanza del Psicoanálisis en la Universidad) y desde entonces sabemos que lo mejor es el pequeño grupo de estudio, donde cada uno de los miembros toma la palabra para hablar de su propia lectura. Lacan aportó una modificación a este grupo de estudio, dando las claves de un dispositivo de trabajo que llamó cartel. Lo mejor que podemos hacer los formadores es ayudar, acompañar a leer (cosas que no se enseñan) a partir de nuestras propias lecturas. Finalmente, un psicoanalista es alguien que sabe leer en el discurso, alguien que lee en los dichos de cada paciente. Las clases magistrales sirven como referencia de datos, como apertura para algunas interrogaciones, pero allí no se aprende a ser psicoanalista. El lugar de donde saldrá un psicoanalista será, de su propio psicoanálisis, de la supervisión de su trabajo y de sus propias lecturas.

Y así trabajamos en UMBRAL en los espacios de formación que tenemos: el Seminario sobre Lacan – este curso «La Identificación»-; el Grupo de lectura de Freud – este año sobre la angustia- y el espacio “Encuentro con…”, donde un par de veces al año nos reunimos en torno a la producción de algún psicoanalista que nos interese, por su acto, sus libros, sus temas.

Es importante aquí volver a citar a Freud en un texto muy importante para el tema que nos compete: Análisis Profano, que ha tenido varios subtítulos: Psicoanálisis y medicina, ¿Pueden los legos ejercer el psicoanálisis?, Conversaciones con una persona imparcial, donde Freud escribe un texto que será definitivo para establecer las bases sobre la formación de los psicoanalistas, y su relación con lo social. Aquí, ya critica las leyes de los estados que no favorecen al psicoanálisis. Este texto es de… 1926 y ¡aún! El psicoanálisis sigue siendo segregado, porque es subversivo pretender un campo donde la subjetividad sea escuchada como un medio para la cura y luego para el acto. Quien ha pasado por un psicoanálisis será un sujeto advertido, nunca más un esclavo del puro deseo del Otro. Por eso los nazis quemaron los libros de Freud y persiguieron a los psicoanalistas y por esto mismo hoy día es segregado de lo público por el capitalismo salvaje.

En cuanto al crecimiento de UMBRAL, se ha ido generando también por el deseo. Deseo de psicoanalistas de armar UMBRAL en sus ciudades: luego de Barcelona, en Girona, Tarragona, Figueres y Santiago de Compostela; también podemos derivar a algún psicoanalista donde aún no hay sede de UMBRAL, en Madrid, Valencia, Mallorca y Alicante.

¿Cabría que se extienda? Cabría. Pero no empujamos para ello. Son los propios psicoanalistas interesados en el ideario de Umbral a quienes les toca proponerlo. Umbral toma la propuesta de una nueva sede y acompaña a los colegas a partir de estos 17 años que tenemos para seguir armando red. Lo que podemos asegurar es que es una experiencia de lo más interesante y enriquecedora sobre el saber y el saber hacer con una clínica diversa que sin UMBRAL, no llegaría nunca a un psicoanálisis.

Y sí, ha habido efecto en las escuelas. En el primer tiempo de UMBRAL, un par de escuelas nos propusieron enviar a jóvenes analistas en prácticas para atender incluso gratuitamente. Comentamos que este no era un lugar para prácticas, que recibíamos una clínica compleja y que en UMBRAL nadie controla el acto clínico de sus profesionales, que supervisan donde desean. Este tipo de demanda nos llevó a exigir un mínimo de cinco años de experiencia clínica en el momento de la admisión de un nuevo profesional.

UMBRAL pretende ser un lugar de pares, donde las diferencias se establezcan por la propia producción y el propio deseo. Entonces, con los años, algunas de estas asociaciones o escuelas de psicoanalistas, incluso el Colegio de Psicólogos, crearon espacios de atención barata. Y esto marca una diferencia. UMBRAL no es barato. Es lo que cada uno puede pagar, cosa que es muy diferente, porque también para el pago rige el «caso por caso». Para alguien mileurista, pagar 35€ una sesión es muy caro. Así, el fundamento del capitalismo también deambula en nuestro medio. Pero no es grave. Lo verdaderamente grave es lo que ocurre en el ámbito Estatal y su Salud Pública, o mejor decir su decreciente interés por la salud pública en pro de la salud de los mercados. La salud también está gobernada por el mercado, gobernador en casi todos los ámbitos. Así, lo bueno para un mundo que ha globalizado la segregación es tener mucho dinero y destruir al prójimo sin ningún pudor, si eso da más dinero. ¿Cómo se manifiesta esto en el campo de la salud mental? Sencillamente: para que se vendan medicamentos, se necesita que el ciudadano enferme. No se necesita programar la salud sino el malestar, la angustia, el sufrimiento.

Si la evolución humana iba del homo habilis al homo sapiens sapiens, este ha desaparecido bajo la guadaña asesina del capitalismo que necesita un homo ignorante, un homo consummatio, me permitiréis el neologismo. Un hombre del consumo. Un ser humano consumidor de gimnasios, de internet, de drogas ilegales y de drogas legales. Cuanto más necio, mejor consumidor. Inventemos entonces fibriomialgias, nueva versión de la histeria freudiana; fatigas crónicas, devastadora manera en que un sujeto se rebele contra la exigencia de producir; hiperactividad, contra la pasividad exigida por los Amos; déficit de atención, contra atender a aquello que no me interesa… Multitud de «trastornos» inventados para vender más y más medicamentos. Para tener una población más y más drogada. Esto es grave. Verdaderamente grave. Y de este mecanismo de devastación son cómplices la industria farmacéutica; los políticos que hacen las leyes para favorecerla; los médicos, psiquiatras y otros especialistas, y psicólogos que se lo creen ya sea por ignorantes, o peor aún, por canallas. Y esta es la verdadera razón por la que el psicoanálisis desaparece de los servicios públicos de atención. Desaparece de las universidades y de los hospitales, desaparece de los planes políticos de Salud Pública porque la cura psicoanalítica da lugar al sujeto reflexivo, consciente de su saber y de su deseo, cercano a la alegría y esto es básicamente subversivo.

M.R.G. Muchas gracias, Laura. Brumaria te agradece el tiempo que has dedicado a pensar con nosotros el conocimiento de UMBRAL, una red de asistencia psicoanalítica de carácter social, en expansión.      

L.K. Gracias a ti, Montserrat y a Brumaria por dar a conocer UMBRAL a través de vuestro medio. Puede ayudar a algunas personas. Buena cosa. Gracias.

Para saber algo más de UMBRAL:

www.umbral-red.org

http://umbral-red.org/images/PDF/psi_escriben/De_un_analista_a_otro_por_un_Umbral.pdf


[1]             Es la tesis principal de Francisco Javier Montejo Alonso y que dio lugar a El psicoanálisis 1919-1933: consolidación, expansión e institucionalización (2009), tesis con la que se doctoró, un estudio fundamental para pensar la historia de las políticas del olvido. Para pensar la historia.

[2]             Fruto de ese trabajo he escrito, “Madres no mujeres. Embarazo adolescente” Ed. Del Serbal, 2007 Barcelona. Segunda edición, en Laborde Editor, Rosario/Argentina 2017.

[3]             Publiqué mi primer texto en la web de UMBRAL, sobre este tema, “De Migraciones, Diáspora, Extranjeridad y otros Partos”, Barcelona, 2004, https://www.umbral-red.org/es/publicaciones.html En “Psicoanalistas escriben”

[4]             Sobre la actualidad de su pensamiento, «Si el médico busca modificar, de la forma lo más electiva posible, ciertos […] síntomas-blanco, hay que conocer bien el hecho que el medicamento neuroléptico modifica, de hecho y al mismo tiempo, el comportamiento del enfermo en su conjunto, el campo de la conciencia y la comunicación del enfermo con su entorno social. Dicho de otro modo, modificamos también de esta forma, todo el modo de «ser en el mundo» del enfermo. Modificando sus síntomas mórbidos e indeseables, modificamos igualmente su personalidad entera, modificando su humor, reduciendo su eficiencia intelectual, su actividad psicomotriz, su potencia sexual. Pero además – y esto es lo esencial – lo privamos del único compromiso que había imaginado – y que tornaba su existencia vivible – entre sus pulsiones liberadas y la realidad social que lo rodea. Es decir, que lo privamos de los síntomas a los cuales el paciente se aferra con todas sus fuerzas y que al mismo tiempo, se han transformado en nuestros «blancos», sobre los cuales tiramos, no sin menos fuerza, a golpes de neurolépticos. En esas condiciones, debemos preguntarnos que se vuelve el paciente desposeído de su delirio e inevitablemente sacudido por una «falta». […] El empleo de neurolépticos no permite nunca, por lo tanto, dejar de lado la relación psicoterápica que debe acompañar toda terapéutica biológica en psiquiatría».


Laura Kait, psicoanalista. Vive y trabaja en Barcelona.

Desde 1979 desempeña su práctica clínica en los ámbitos privado e institucional. Asimismo, ejerce la supervisión y la enseñanza del psicoanálisis.

Destaca diez años de trabajo con embarazadas y madres adolescentes (DGAIA Dirección General de Atención a la Infancia y la Adolescencia de la Generalidad de Cataluña). Ha publicado Madres no mujeres, Ed. Del Serbal, 2007, (segunda edición en «Laborde Ediciones», 2017).

Fundó UMBRAL, Red de Asistencia «psi» hace 17 años. Coordina la formación en UMBRAL, forma parte del Equipo de Derivación y escribe y publica en la web www.umbral-red.org

Es miembro de FEP -Fondation Europénne pour la Psychanalyse- y participa regularmente de sus Jornadas, Congresos y publicaciones.

Para contactar con Laura Kait: laukait13@gmail.com