El museo a debate

El debate que se reproduce a continuación tuvo lugar en Facebook, en las cuentas de Carlos Jiménez Moreno y Jaime Vindel,  a partir del dialogo entre  Manuel Borja-Villel, director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y Marcelo Expósito, artista y activista político y cultural, trascrito en la revista digital CTXT.

14-05-2020

Marcelo Exposito
Artículo compartido.

18-05-2020

Carlos Jiménez Moreno
El museo y el hospital.
He leído con interés el diálogo entre Manuel Borja Villel y Marcelo Expósito – enmarcado en el proyecto << Conversaciones de cuarentena>> de este último – y la verdad es que me ha decepcionado. Yo esperaba que los dos respondieran al desafío de pensar la crisis generada por la pandemia e intentaran ofrecer alguna respuesta a la pregunta por el qué hacer en la << nueva normalidad>> que se nos echa encima. Pero ellos prefirieron airear las ideas que han venido compartiendo de tiempo atrás, y que expusieron de manera más amplia en el libro de entrevista publicado hace un par de años, en vez de arriesgarse con propuestas nuevas. Entre lo poco que avanza Borja Villel en el terreno de las propuestas, está la de recuperar el destino hospitalario que tuvo durante siglos el edificio diseñado por Sabatini, que es ahora una de las cuatro sedes del museo. Recuperación que Borja Villel utiliza sólo para refrendar su toma de partido por <>, ambos legados de la caridad y el amor al prójimo cristianos y sostén de su larga tradición hospitalaria. Cuando sería mejor que sirviera de invitación a una reflexión instigada por la pandemia que ha puesto al desnudo la caducidad de nuestras concepciones e instituciones dedicadas a la salud pública. Que ya no puede seguir siendo antropocéntricas y por lo tanto poco aptas para encajar el hecho de que no podemos estar sanos en un planeta enfermo, que nuestra salud es la salud del planeta y que solo si partimos del mismo podremos responder al desafío que supone la intensificación del ritmo de aparición de epidemias debido al desplome catastrófico de la biodiversidad y a los efectos malignos del calentamiento global.
El museo no puede por lo tanto limitarse a declarar su buena disposición a transformarse en un hospital de emergencia, como lo fueron los pabellones 7 y 9 que IFEMA destina habitualmente a la celebración de ARCO. O a convertir en norma el << distanciamiento social>>. Debe más bien convertirse en un foro de debate sobre estos temas urgentes y en un espacio a disposición de artistas y colectivos de artistas decididos a defender con sus obras y sus acciones una relación otra con el medio ambiente y singularmente con nuestros semejantes, los animales. Como lo hizo ejemplarmente el proyecto Madrid Capital Animal. Y el museo mismo, visto como institución, debería replantearse su relación con la globalización. Que ahora mismo y debido al coronavirus está dejando al descubierto las miserias ocultas tras su deslumbrante fachada: destrucción despiadada de los ecosistemas, ruina de las economías de proximidad y pequeña escala, homogenización de los modos de pensar y de los modelos de subjetivación y sobre todo aceleración de los procesos de concentración del poder político y económico a escala planetaria.
El museo que ha apostado tan fuerte por la globalización del arte es hora de que tome distancia y la relativice, replanteando radicalmente el modelo de relación entre lo local y lo global. Porque si hasta hoy ha prevalecido la versión que subordina lo local a lo global se trata ahora de subordinar lo global a lo local. A lo que se hace y se está en capacidad de hacer localmente en términos artísticos. Si el museo arrastra consigo el legado ilustrado de proclamar que el arte como la vida está en otra parte, es el momento de que el museo declare que el arte como la vida están aquí y ahora. Tampoco vendría nada mal que el Museo Reina Sofía renunciara a su gigantismo y a la hipertrofia de la voluntad de poder en beneficio de la descentralización y la democratización.

  • Paco Barragán
    Hola Carlos: escuché esa entrevista. Me pareció poco reveladora de lo que el museo puede ser en una época post-pandemia. Por otro lado, de entrada me pareció un diálogo viciado y poco creíble por ese ‘peloteo’ constante con el uso de epítetos superlativos alabando la figura y persona de Borja Villel hasta unos extremos inauditos. Más que un entrevistador serio, Expósito parecía ser el presidente del club de fans. Por otro lado, a lo largo de la entrevista no hay ninguna pregunta que cuestione ningún aspecto de la labor de Borja Villel al frente del museo o ninguna pregunta que ponga a Borja Villel en aprietos. Todo de un ‘colegueo’ que le resta mucha credibilidad a ambos. El Reina Sofía bajo el mando de Borja Villel se ha convertido en un museo autoritario que vive de espaldas al 90% de la escena artística española. Si perteneces a ese 10% como Expósito, que tiene acceso al grupo selecto de seguidores, pues encantado. Y así ha de entenderse esta entrevista. Más de lo mismo. Una serie de comentarios sin ninguna acción en concreto, solo generalidades como las ondas largas de Kondratieff o la condición enigmática de la obra. Ningún interés por parte de Borja Villel por la escena artística ni por sus miembros. En la línea con lo que ha venido haciendo durante todos estos años. Lo que Borja Villel representa en el fondo no es la ‘crítica institucional’ sino la ‘institucionalización de la crítica’. ¿Hasta cuándo seguirá el MNCARS viviendo de espaldas a la sociedad española siendo un reducto de unos pocos? Borja Villel es un experto en auto-prolongarse contratos, ¿hemos de seguir otros 10-15 años aguantando un programa falsamente democrático, minoritario y elitista que no incluye a la propia escena para nada? Y para terminar, me resulta de lo más divertido oír hablar a Expósito y Borja Villel de ‘vocabulario museográfico’ cuando ambos apenas tienen idea de museología y ni siquiera saben de dónde viene la museología que usan. Si lo supieran, no la usarían porque ese tipo de museología sobre-estetiza y despolitiza el tipo de arte que ellos promueven. Pero como nadie se molesta en estudiar museología, ni siquiera los directores de museo, que al final solo son curadores sin conocimiento museológico ni de diseño expositivo, pues se dan estos divertidos y patéticos contrasentidos. ¿Para cuándo Borja Villel va a colgar el Guernica correctamente porque ni eso ha sabido hacer? Eso es lo que ocurre cuando uno trabaja en un museo y no tiene apenas idea del tipo de museología que usa, ni de dónde procede ni para quién fue pensada ni para qué tipo de arte… En fin, sabemos que uno de los proyectos estrella será un proyecto de balcón con artistas…. todo muy edificante. Si quieres un museo diferente necesitas gestores diferentes. No puedes esperar encontrar respuestas diferentes con las mismas personas que al final solo aspiran a aferrarse y a eternizarse en el cargo. ¿Hasta cuándo ese silencio comprometido de los miembros de la escena artística española con respecto a un museo que denigra la escena y vive de espaldas a ella? Pero me temo que todo el mundo seguirá plácidamente callado y los críticos de postín seguirán metiéndose con candidatos más débiles…

Iury Lech
Un retrato neurálgico, el de Paco Barragán, de lo que es y no es, el MNCARS, que también se podría extender al disperso colectivo artístico español. ¿Qué más se puede añadir a la más que necesaria crítica de una gestión ombliguista, inoperante y clientelar? Sin duda, pedir el imperioso relevo de B.V….

Paco Barragán
Iury,nadie pide nada, todos a callar. Esa es la premisa de nuestra escena artística: muy revolucionaria y exigente para unos cosas pero muy silenciosa y calladita en otras.

Iury Lech
Paco, el problema es que no es que no se pida sino que depende de quién pida, que es lo que pida y para que lo pida. Sin duda, aquí algunos piden cosas para medrar en sus busisness artísticos personales y se lo otorgan por afinidad ideológica, nepotismo y clientelismo, mientras que otros muchos piden para innovar y cambiar un sistema arcaico de gestión y selección de artistas y obras (al maldito archivismo no lo mueve nadie, lo más sencillo de exponer) y se encuentran con la negativa de siempre, de aquellos subidos ad aeternum en determinados cargos que tienen miedo de que asi se revele su desconocimiento absoluto de lo nuevo en el arte y les quiten del medio.

  • Rosa Olivares
    No sé de qué te asombras, ahh, que no sabías que Expósito ha sido siempre el súbdito oficial de Borja? Y que las ideas de Borja son todas refritos chamuscados y anacrónicos… De verdad Carlos, me decepcionas.

Carlos Jiménez Moreno
Rosa, siento decepcionarte… intentaré estar a la altura la próxima vez.

Marcelo Exposito
Rosa, tenemos ya una edad como para trolear en redes como si todavía nos comiéramos los mocos. Por favor, no te hagas esto. Te mando un gran abrazo.

  • Juanjo Santos
    Fantástica tu reflexión Carlos. Sobre todo en lo relativo al museo en constante y obsesa expansión.
  • Aimee Joaristi Argüelles
    Muy bueno Carlos.
  • Ricardo Arcos-Palma
    Quizá algo que deberíamos agregar con tu reflexión más que con la de los dos personajes en mención, es el estado crítico tanto del sistema museal como del sistema sanitario u hospitalario. Los dos atravesados por intereses meramente mercantiles no pueden enfrentar una crisis como esta. Tanto como el hospital como el museo, están cada vez más en estado grave y debe ingresar a cuidados intensivos. Hace ocho años yo ponían en evidencia el tránsito de la Iglesia al Hospital como sistema de exhibición y contenedor de obras de arte. Hoy veo que esa reflexión es de actualidad además por el estado precario y delicado de salud de ambas instituciones. https://core.ac.uk/download/pdf/229156282.pdf
  • Luis Camnitzer
    No leí el intercambio y a lo mejor llego tarde, pero tengo la impresión que, extrañamente, nadie en el mundo de los museos habla de tomar en serio la función pedagógica de la institución y de estudiar como activarla desde adentro hacia afuera y dejando el acento en el coleccionismo en un segundo plano. Este parecería ser el momento en que los museos realmente pueden reconceptualizarse, contribuir a la sociedad saliendo de su caja fuerte, en lugar de limitarse a traducir las colecciones al plano virtual y estar lamentando la suspensión de las actividades tradicionales típicas de la «normalidad». La normalidad no existe, las necesidades, sí.

Paco Barragán
Luis, sí, ese es básicamente uno de los grandes problemas del museo: que la mayoría de la gente no accede de manera apropiada a sus conocimientos y que aquellos que gestionan los museos tampoco tienen demasiado interés en cambiar las cosas. Supongo que será porque no se quiere ceder parcelas de poder al hacer el museo más democrático. Me temo que ahora que habrá menos presupuesto los museos se centraran aún más en las colecciones permanentes.

Marcelo Expósito
Luis, lee la entrevista, si tienes ganas y tiempo, cuando puedas. Creo que todos los puntos criticos que señalas están planteados. Un saludo.

  • Marcelo Expósito
    Mil gracias, Carlos, por tus precisiones, siempre agudas, de lector atento y persona con conocimientos atesorados. Pero me sorprende que no te parezca que nos encontramos en los planteamientos que propones, porque a mi modo de ver, quizá estoy equivocado, la conversación apunta a la mayor parte de lo que planteas! Uno, sobre la sobredimensión de este museo en particular y las grandes estructuras museográficas en general. La conversación plantea con toda claridad que éste obligado «empequeñecimiento» de los operativos museográficos por la pandemia es la oportunidad de «desescalar» su crecimiento innecesario y por lo tanto, no reducirlos, pero sí de redistribuir sus dimensiones. Propuestas prácticas como la Escuela de la Mutaciones o el Museo Situado no me parece que se pueda decir que no sirvan como prototipos prácticos, en segundo lugar, ya que pides concreción. Más en particular, en tercer lugar, la tarea que se está haciendo desde el Museo Situado, ¿no te parece una manera de moverse suficientemente en la dirección de «subordinar» lo global a lo local? Insisto en que, más allá de aspectos concretos que llevaría más tiempo discutir, en las líneas maestras de lo que planteas me sorprende que no te parezca que nos estamos encontrando. Un abrazo grande y gracias por disparar la discusión.

Carlos Jiménez Moreno
Marcelo, te conozco lo suficiente como para saber que remamos en la misma dirección desde mucho tiempo atrás. Y admito que algunos de los puntos que he planteado estaban ya dichos, aunque de otra manera, en vuestro diálogo. Pero debes reconocer que no están sin embargo articulados como lo hecho yo por un intento de respuesta comprensiva a la crisis del coronavirus, que no es un problema puramente de salud pública, aunque la salud pública haga parte nodal de la misma. En realidad la pandemia es un síntoma de una crisis mucho más vasta, verdaderamente sistémica, que nos sacude de arriba a abajo y nos obliga a replantear y reelaborar nuestras certezas. Por lo que te invito a releer lo que he escrito, así como yo he aceptado tu invitación a releer lo que habéis dicho.

Marcelo Expósito
Carlos, que te he leído con toda la atención! Nuestra conversación con Manolo parte del siguiente principio: esta crisis es coyuntural y también acumulativa de una crisis de onda larga. Tanto en lo que se refiere a la institución museográfica como al conjunto del sistema. Y por lo tanto requiere una respuesta doble: coyuntural y con perspectiva, además en dos planos: museográfico y sistémico. Si quieres que acepte que estamos diciendo lo mismo con diferentes palabras: perfecto, lo estoy admitiendo por segunda vez! Lo que te estoy respondiendo es que no veo dónde están los puntos de desacuerdo. Pero no te lo digo para defenderme, sino para intentar comprender cuál es la discusión que debemos tener! En las soluciones propuestas? Bueno, plantea las tuyas y lo miramos, o si lo prefieres centrémonos en analizar las que en concreto Manolo (que no yo, que mi papel aquí es otro) explica que están implementando. A mí me parecen convincentes a la espera de valorar si efectivamente funcionan. Pero no estoy de acuerdo, en este aspecto más concreto, cuando dices que la conversación no pone nada nuevo sobre la mesa con respecto al libro, porque me parece que objetivamente se puede afirmar lo contrario. Cuáles son las limitaciones del plan de renovación museográfica que el Reina parece que está implementando? Bueno, vayamos a eso. Para eso estamos. Te mando muchos abrazos.

Carlos Jiménez Moreno
Marcelo, fuiste tú el primero en afirmar en este debate que lo que yo había dicho en mi post ya lo había dicho Manolo en su diálogo contigo. Yo me limite a aceptar en gracia de discusión esta tesis y a explicar que, en cualquier caso, estaba dicho por mí de otra manera. Aunque de hecho no es lo mismo decir que la crisis actual es coyuntural y que se inserta en la onda larga de Kondratieff que caracterizar dicha crisis de la manera específica como lo hago yo. Una caracterización que sobrepasa la generalidad de vuestra definición y que tiene consecuencias en la forma en la que Manolo Borja asume la cuestión del hospital. En cuanto a tu invitación de señalar <> de avanzo un punto. Creo que si en realidad vale la pena abordar su discusión, tenemos que incluir como un punto prioritario la cuestión del poder en el museo. Manolo tendría que empezar a pensar si está dispuesto a darle espacio y autonomía a la comunidad artística en la realidad efectiva del museo. Creo que el tiempo de los directores omnipresentes y omnipotentes se está agotando.

Marcelo Expósito
No te quepa duda de que si en lugar de una conversación de no llega a 10 páginas hubiéramos publicado un segundo libro, las dos cuestiones que planteas ocuparían un espacio más amplio y detallado. Porque, de hecho, y no deseo enroscarme en esto, te aseguro que son las dos cuestiones centrales de la conversación (igual no nos hemos explicado bien, también puede ser; te lo digo honestamente, sin ironía). Las menciones críticas que hacemos a la matriz ilustrada de la institución museográfica, que conlleva problemas que ahora se precipitan en esta coyuntura pero vienen de mucho más atrás, apuntan exactamente en las dos direcciones que planteas. La primera: los límites materiales del museo como institución. La segunda: sus límites políticos. En el primer caso: refuncionalizarlo requiere en este momento tanto «alivianarlo» como reconsiderar para qué es útil, que es lo que yo deduzco que se está planteando en el Reina en este momento. Vamos a ver qué logran y qué no. En el segundo caso: la construcción de redes globales tanto como tejer más vínculos con el territorio, por lo que yo entiendo también, son dos propuestas que vienen de atrás pero que ahora se reconoce que en esta crisis adquieren una centralidad que antes no tenían. Vamos a ver también si eso se cumple. Por todo esto me sorprende que alegues que la conversación tira de repertorio sin plantear nada a la altura de los retos actuales, porque ahí están por lo menos esas propuestas. ¿Qué significa, Carlos, «darle espacio y autonomía a la comunidad artística en la realidad efectiva del museo»? Porque suena estupendo y compartimos esa inquietud (tú lo sabes). Lo que pasa es que sin duda esa idea galvaniza fácilmente en torno suyo. Pero el problema es que seguramente sirve para aparentemente unir sensibilidades que quizá sean incluso contrapuestas. Con esa expresión se pueden identificar quienes desean que el museo deje de ser un espacio exclusivo de carácter sectorial, pero también quienes desean más bien que el museo preste atención a los artistas o curadores o  críticos que no se sienten personalmente atendidos. En el segundo caso estamos planteando un problema de inclusión dentro de más o menos el mismo modelo de representación basado en un horizonte: que la institución llegue a representar a todos «los suyos». En el primer caso estamos planteando sin embargo un problema estructural de gobernanza que va mucho más allá de la reconversión meramente del museo y que además cuestiona de raíz —y yo no sé somos conscientes de esto en el sector progresista de la comunidad artística cuando decimos estas cosas— la relación privilegiada de nuestra comunidad profesional con esa institución. ¿Se pueden combinar ambos problemas? Seguro que se debe de poder. Pero yo estoy seguro que tú sabes también qué sucede cuando esos problemas de fondo se reducen a consignas, Carlos. Te mando un abrazo grande y, de nuevo (¡en serio!), mil gracias por abrir el debate.

  • Paco Barragán
    El problema de esta discusión es, como expliqué en el muro de Jaime Vindel, que si aspiras a tener un museo democrático, abierto y participativo no puedes usar la denominada museología de ‘cubo blanco’ porque esa está destinada a un espectador hetero-normativo blanco burgués de clase alta. Y si no se aborda ese problema de base y se ataja a través de otras museologías discursivas contextuales, la discusión falla por la base.

19-05-2020

Jaime Vindel Gamonal
A mí me interesó bastante la entrevista de Marcelo Exposito, pero esto que comenta aquí Carlos Jiménez Moreno habría que tomárselo en serio. Un museo como el Reina Sofía no puede dejar de enfocar sus contradicciones a fondo. Particularmente en el contexto de la crisis ecosocial. La «convivencialidad» a la que alude Manolo Borja, una idea trabajada de modo sistemático por Ivan Illich, debe ser materializada en políticas concretas, que afecten en términos estructurales e infraestructurales a la institución. El gigantismo de los macro-museos no solo juega en contra de la sostenibilidad ecológica (por el volumen de materiales, energía e infraestructuras que implica su construcción y mantenimiento), sino que perjudica también la situación de sus trabajadores, obligados a realizar un creciente volumen de tareas con cada vez menos medios. En mi opinión, las estrategias de internacionalización (también las relacionadas con los museos «críticos») deben dejar paso a otros modelos de museos, más próximos a formas de institucionalidad como una biblioteca pública de barrio que a los referentes internacionales del mundo del arte. Comparto, en ese sentido, la necesidad de anclar lo global en lo local (y no al revés). Áreas que siguen siendo periféricas en el organigrama del museo podrían cobrar aún mayor protagonismo. Experiencias de proximidad con el barrio de Lavapiés tan relevantes como las que está impulsando Ana Longoni desde el Departamento de Actividades Públicas deberían situarse en el centro de las políticas culturales de los museos públicos. Sin duda se trata de un tema complicado porque las inercias institucionales y los intereses en juego son muy fuertes, pero me parece indispensable abrir esta discusión. ¿Es posible desescalar las instituciones culturales?

  • Fefa Vila
    Totalmente de acuerdo, en ambas cosas, en la buena entrevista que hace Marcelo Expósito como en la necesidad de explicitar y aterrizar las tensiones en lo concreto; por ejemplo, entre otros; no tiene ningún sentido en este hilo crítico mantener la división y jerarquía, tb en sus intrataxonomias y recursos, de dos áreas: Área de Actividades Públicas Ana Longoni y Área Exposiciones.
  • Marcelo Expósito
    Muy de acuerdo con vosotras. En las instituciones artístico-culturales, se tiene que tender a integrar las áreas de exposiciones y las de programas públicos, como un paso más allá de la manera en que se han ido / las hemos ido reconfigurando en las últimas décadas.
  • Marcelo Expósito
    Con todo, fijaos en que la entrevista pone el énfasis en ello, no? Particularmente cuando Manolo afirma que, en la situación actual, de repente el museo en red y el museo situado se encuentran al mismo nivel o incluso con mayor capacidad operativa que la expo de Mondrian.
Carlos Jiménez Moreno
Marcelo, yo creo que te equivocas intentando demostrar que Manolo ya zanjó todos los temas en su dialogo contigo. Intenta ser mas receptivo, advertir lo diferente en lo que parece semejante y la semejanza en lo que parece diferente.
Fefa Vila
Marcelo, sí, pero como en toda política, no hay política sin línea presupuestaria q la acompañe, institucionalmente hablando,, no están al mismo nivel si los recursos asignados a diferentes áreas difieren significativamente, no están al mismo nivel si el capital simbólico que se escenifica está atrapado en una jerarquía de poderes visibles e invisibles bien asentadxs.
Y en esto, en la distribución, añado las famosas 3 R: Redistribución, Reconocimiento y Representación
A la par q los tres paradigmas sociales de análisis que transversalizarán en uno principal, a saber: para el análisis del intercambio de objetos el marxismo, para el de de sujetos el psicoanálisis, para el de mensajes la semiótica/lingüística; el transversal que los altera y los radicaliza en su interacción, sin duda, el feminismo más radical.
Con todo mi reconocimiento a Manolo, sobre todo por currante, todos los temas siguen abiertos, también y además en el Museo.
Marcelo Exposito
Carlos, yo estoy diciendo que hemos zanjado todos lo temas? Te estoy planteando que esos temas que señaláis están en la entrevista. Solucionados? No siempre, eso es imposible. Planteados como problemas, creo que sí. Y claro que soy receptivo! Si estoy aquí leyéndoos y conversando! Sigo con más detalle en el hilo que has abierto en tu muro. Un gran abrazo.
Marcelo Exposito
Fefa, sí, sí, si eso lo vemos todas. Toda la razón. 1) Se necesita reequilibrar, en las instituciones culturales, las dotaciones presupuestarias, 2) también las atribuciones de autoridad y el poder de cada una de sus secciones. Pero, si te soy sincero, yo no sé cómo eso se hace o no en el Reina, tendría que hablar la gente que trabaja ahí propiamente. Lo que sí puedo decir es que, en la conversación al menos, eso está planteado como problema. ¿Se implementa en la práctica? A eso yo no puedo responder… Ojalá que sí.
Fefa Vila
Marcelo, yo tampoco, visto desde fuera parece uno de los grandes temas abiertos. Y claro, tiene q hablar mucha gente, del algoritmo al sujeto
Marcelo Exposito
Fefa, es el tema, efectivamente. Lo que pasa es que releo a Jaime y me pregunto: el museo tiene que plantearse ahora abrir bibliotecas barriales; bueno. Eso es sencillo? Igual no lo es. Te lo digo por experiencia. Hemos visto de manera muy evidente lo que el neoliberalismo ha destruido, pero no lo que ha construido: una arquitectura legislativa, procedimental, normativa… a medida de unas cosas y en detrimento de otras. No es cierto que el neoliberalismo ha sencillamente desmantelado el Estado: lo ha reformado de arriba a abajo. Y es el estado y la administración pública que tenemos ahora entre manos. Hay imágenes que resultan fáciles de proyectar (convertir el museo en un nuevo tipo de hospital, generar una nueva institucionalidad que se parezca más a una biblioteca pública que a un engordamiento de la administración), que son potentes, que son una guía, un horizonte, pero que son costosas y farragosas de implementar. Eso también debemos tenerlo en cuenta. Lo que no significa que renunciemos a que se ejecuten, mañana mejor que pasado mañana.
Jaime Vindel Gamonal
Marcelo, estoy de acuerdo con lo que dices, Marce. No es de ningún modo sencillo. Lo que creo que es necesario es visibilizar esos límites y las contradicciones para ver hasta dónde y cómo podemos operar (aquí, claro, es fundamental conocer lo que dicen quienes trabajan en la institución).
Marcelo Exposito
Jaime, gracias, Jaime. Sí, ya ves que he entendido que la propuesta de la bibliteca barrial es una imagen, un modelo. Y me parece bonito, la verdad. Y que la estructura institucional museográfica es tan (eco)insostenible como todo el conjunto de la infraestructura institucional estatal… buf! para qué hablar. Eso no hay quien lo soporte más. En este aspecto, el museo constituye una bisagra, para bien y para mal. Es parte de la institucionalidad estatal o paraestatal, sin serlo, con lo cual constituye un espacio donde experiementar sus modificaciones. Pero, al mismo tiempo, no tiene la capacidad de incidir políticamente en ese aspecto como se supone que tiene, pongamos, un ministerio, y sin embargo, no siendo propiamente central, sí que sufre los mismos frenos que cualquier otro sector de la administración. Fácil, no es. Que no se debe dejar de intentar modificarlo y para ello se requiere no solamente un plan sino además implementarlo materialmente, desde luego que también.
  • Carlos Jiménez Moreno
    Yo creo que no debemos perder de vista el problema del poder. Y no solo al de Estado, en cuyo entramado jurídico político se inserta el museo. Me refiero en concreto al poder dentro del museo y a la necesidad o la posibilidad de considerarlo desde la autonomía que dicho entramado concede al museo y que, por lo tanto, permite un cierto reparto del mismo. Un avance hacia la democratización que creo necesaria porque es un hecho que Manolo Borja ha concentrado demasiado poder en sus manos y que ese exceso es corregible porque la autonomía del museo le permite aceptar fórmulas de participación de la comunidad artística en temas como la definición de las políticas del museo o en la programación de exposiciones, foros, seminarios, etcétera. Una nueva actitud ante las demandas de la comunidad artística podría darle contenido efectivo y no puramente discursivo a un giro hacia el contexto local en la dialéctica global/local. Como bien sabe Marcelo, por su experiencia parlamentaria, el reparto del poder es importante para que las ideas lleguen a realizarse.

Marcelo Expósito ¡Ay, el problema del poder! Carlos, no, no me parece un hecho que Manuel Borja-Villel haya concentrado poder en sus manos, si es que tenemos que hablar de él en particular. A mí me parece por el contrario un gestor museográfico que ha hecho uso de una autoridad que se ha ganado a pulso **partiendo desde los márgenes** para generar, en las instituciones en las que ha gobernado, más democratización de la que había antes de su llegada. Y ha legado también por lo tanto a quienes lo han sucedido estructuras más abiertas y más dinámicas, además de sentidos comunes mucho más amplios sobre lo que un museo puede hacer. Quienes lo han sucedido han heredado siempre mayor libertad para poder trabajar que la que él tenía cuando originalmente entró en las instituciones que ha dirigido. Yo lo siento, Carlos, pero hay supuestas críticas que se acaban convirtiendo en tópicos y no tengo el más mínimo problema a que hagamos un repaso a las condiciones del Reina Sofía en particular con sus direcciones anteriores, con todo el respeto para todos sus predecesores, por quienes de veras tengo un aprecio inmenso. Miramos con detalle cuando podamos: 1) los modelos de gobernanza precedentes del Reina Sofía, 2) los sentidos comunes anteriores sobre lo que significa una colección de arte español moderno y contemporáneo, 3) la llana y simple cantidad de agentes artísticos, culturales y también sociales de manera más general con la que este periodo del museo colabora, en comparación con los mandatos anteriores. Yo estoy dispuesto a discutir encantado sobre cómo las cosas se tienen que impulsar mucho más allá y sobre qué significa estar de verdad a la altura de los retos democráticos actuales, pero estoy dispuesto si partimos de cierto punto. Pero tú sabes tanto como yo que este debate se plantea en la comunidad artística por lo general como una manera de discutir a cuántas más galerías un museo tiene que comprar obra, a cuántos más artistas tiene que hacer exposiciones individuales, a cuántos más críticos tiene que encargar seminarios, a cuántos más comisarios tiene que contratar para hacer exposiciones, que es la manera en la que este problema del reparto de poder se suele plantear, y en ese sentido ahora mismo no es mi debate. ¡Sé que tampoco es el tuyo! Y, ¡ojo, que entiendo que es todo un debate! Y fíjate que incluso lo respeto porque entiendo que entra dentro del más que razonable marco de la rendición de cuentas a la que está sometida una institución. Pero en este mismo instante, mi debate no es. Si yo logro sentar a Manuel Borja a conversar, las preocupaciones que le voy a plantear van a ser diferentes. Esas preguntas por la distribución sectorial del poder o de los recursos (que, insisto, me parece correcto que se hagan), se las tendrá que hacer otro. Te mando un abrazo!

Carlos Jiménez Moreno
Marcelo, me parece muy buena idea la de entrevistar de nuevo a Manolo para que él pueda dar respuesta a las críticas que le hemos formulado en este debate. Sería un buen ejercicio de democracia. Y en cuanto a tu descripción de la » comunidad artística» – que tiene un punto derogatorio -, te llamo la atención sobre el hecho de que omite a los artistas, cuyo trabajo hace posible la existencia de eso que se llama el mundo del arte o la escena artística. Son la piedra sillar de todas nuestras construcciones.

Marcelo Expósito
Carlos, no es derogatorio o si suena así, es un error de formulación por mi parte, por el que pido disculpas. Yo formo parte de esa comunidad de artistas, críticos, curadores, educadores, gestores, productores y un largo etcétera, y nunca he querido dejar de hacerlo. Sólo te decía que hay debates que dentro de la propia comunidad también se tienen que dar, y construcciones idealizadas de la misma que se tienen que poner entre interrogantes. Y cuando se habla de la participación de la comunidad en el museo, la atención que el museo debe a su comunidad, etc., sabes igual que yo, Carlos, que muchas veces lo que hay por debajo son intereses sectoriales o conflictos de intereses a la interna del sector, no un debate honesto sobre la democratización de las instituciones. Lo que sucede es que ese otro debate sectorial, tampoco lo denigro porque yo mismo me he implicado en otras ocasiones. Sólo digo que en este instante no es mi debate.

  • Pablo Martínez
    Pues a mí qué queréis que os diga, la entrevista con Marcelo me encantó y me pareció muy inspiradora, salvando todas las distancias que puedo tener con algunas de las afirmaciones… pero no sé cuántas entrevistas a cuántos directores del mundo actuales podrían suscitar un debate de estas características. Y eso que soy plenamente consciente de que, desde el principio de los tiempos, en el proyecto de Manolo si hay que escoger entre colaborar con el barrio y hacer una expo, siempre estuvo hacer una expo (yo trabajaba en 2008 en el Reina Sofía cuando él llegó a machete recortando la actividad educativa que se hacía en el museo). Pero… tampoco nos olvidemos de que el papel fundamental del museo es hacer pedagogía y política fundamentalmente desde el territorio del arte en sus distintas expresiones. Y uno de los fundamentales son las exposiciones, aunque ya sabemos todos que el museo no solo hace expos… Tampoco se nos escapa que la mayoría de los directores cuando inician sus entrevistas hablan de lo que hacen con las vecinas del barrio porque saben que eso es lo que les da un toque social a sus programas. Sí que creo con Jaime que hay que repensar el museo desde la crisis eco social. Es urgente, nos va la vida en ello. Creo también que tenemos que reflexionar sobre el modo en que el museo global y la bienalización del mundo contribuyeron a la construcción fantasiosa de la movilización continua neoliberal. Por decirlo con más claridad, reconocer nuestra parte de culpa en la producción de imaginarios y deseos que ahora leemos como suicidas. Lo del museo como hospital y los cuidados me parece un poco una broma… los cuidados como dice Fefa Vila son antes que nada MATERIALES, no pueden ser solo afectos, que es otra trampa de la proyección cultural neoliberal de la que parte del mundo del arte participa. Creo que el museo por venir es un museo del fracaso, que asuma la paradoja de ser progresista sin progreso, que desafíe los imaginarios fosilistas y que rehaga su agenda desde el programa, que se vuelva internacionalista más que internacional y que se piense local sin ser provinciano. Un museo de kilómetro cero, que sea capaz de mostrar un arte que re encante la vida y despierte el deseo de una vida de bajo impacto ecológico. Y eso cómo se comienza a hacer es desde un reseteo absoluto del programa y de las lógicas de las programaciones de exposiciones, de la colección, de las publicaciones y del programa público y educativo.

Jaime Vindel Gamonal
Muy muy de acuerdo, Pablo.

Fefa Vila
Pablo, enfrentarse al reseteo es un duelo de la hostia. Ya no quedan las ruinas. Además de esa posición, para mi profundamente emancipadora, del fracasar mejor. Digamos q el museo para CUIDAR, cuidarnos tiene que fracasar mejor en su objetivo de ser Museo.
Gracias a todxs por vuestras reflexiones y a Marcelo por provocar el debate con la entrevista.

Carlos Jiménez Moreno
Pablo, si no reconociera la importancia de Manolo Borja y de Marcelo Expósito ni habría buscado la entrevista ni me habría tomado el trabajo de escribir un comentario crítico de la misma. Por lo que en mi caso las lisonjas a Manolo sobran. En cambio faltan o faltaban las críticas a su pensamiento y su gestión, debido quizás a que en nuestro medio la crítica es desplazada con indeseable frecuencia por la combinación artera del elogio en público y la maledicencia en privado. Y desde luego me congratulo que, tanto tu como Jaime Vindel Gamonal, se hagan eco de mi llamado a un replanteamiento de las políticas y estrategias del museo, urgidas por la que con justeza Jaime califica de crisis eco social. Aquí no se trata de poner en la picota a nadie, como tampoco de elevarlo prematuramente a los altares. Se trata de que entre todos pensemos el qué hacer ante un futuro que puede resultar muy sombrío si no aclaramos la naturaleza de la crisis y actuamos en consecuencia en todos los planos en donde nos sea posible hacerlo.

Pablo Martínez
absolutamente de acuerdo contigo, Carlos!!! y gracias por abrir el debate que es muy necesario.

Marcelo Expósito
Sí, gracias a todos por vuestros comentarios. Yo me encuentro muy alineado con lo que plantea muy acertada y articuladamente Pablo. Por eso, cuando se habla de «repartir el poder del museo, democratizar el museo, que el museo atienda más a su comunidad» para en realidad disputar poder interno a la institución, en el mejor de los casos, y en el peor exigir llana y simplemente reparto de juego (exposiciones para más gente, etc.), en este momento de mi vida yo desconecto. No quiero decir que no sea un debate legítimo, ojo! Quiero decir que en este momento (no sé mañana), mi debate no es. Sí es el que plantea Pablo con toda claridad. Y someter a prueba los límites del proyecto del Reina en particular de acuerdo con ese horizonte de idealidad («fracasar mejor», qué buena frase!), sí me parece que resulta provechoso, no solamente para la comunidad del arte, a la que pertenezco, respeto y quiero, pero que necesita también mirar alrededor. Entiendo que son momentos muy jodidos, que provocan mucha ansiedad, que estamos a punto de ser arrojados al lumpencognitariado de manera masiva; pero las exigencias de sostenimiento material del sector se tienen que dirigir fundamentalmente al Ministerio de Cultura, no a las instituciones museográficas que también van a tener que decelerar. A éstas, creo que hay que pedirles otras cosas. Con rigurosidad, pero otras. Un abrazo a todo el mundo!

  • Iñaki Larrimbe Ibañez
    El dinero de la cultura está ahora mismo manteniendo unas infraestructuras que están demostrando durante esta crisis su ineficacia pasada, presente y -lo vamos a ver- futura. Quizá la solución a la precarización del mundo del arte pase por una revolución desde sus bases: los artistas tendrían que tomar los museos, los departamentos de cultura, y pasar (simbólicamente) a cuchillo al funcionariado cultural recuperando de nuevo los presupuestos para el arte y la cultura.
  • Paco Barragán Todas estas cuestiones tienen un sentido muy relativo porque fallan por la base: Borja Villel usa la denominada museología de ‘cubo blanco’. Y esa museología está dirigida a un espectador hetero-normativo blanco burgués de clase alta con conocimiento de arte. En otras palabras: el 95% de los espectadores que visita el museo ya está descartado ante una museología que no entiende y además le rechaza y le somete. Entonces, cuando uno hace exposiciones políticas, de género, raciales, feministas et al en el cubo blanco hace solo el más espantoso ridículo porque lo único que hace es someter esas propuestas críticas a pura decoración. El problema grave aquí es el desconocimiento del mundo del arte de la historia de la museología y del diseño expositivo. Y si uno no sabe de dónde viene el cubo blanco, quién lo inventó, por qué la iluminación es cenital, por qué las obras están ubicadas a la altura de los ojos, por qué están separadas, para qué tipo de arte ha sido configurado y para quién, entonces simplemente estamos hablando por hablar, expresando opiniones sin ningún tipo fundamento histórico. Y eso es lo que falla, el conocimiento básico de las estructuras con las que trabajamos. Por alguna razón en la que no voy a entrar, al comisario de exposiciones de repente se le atribuyó la labor de la museología y del diseño expositivo cuando no tiene conocimientos sobre ello. Entonces cuando uno realiza una función para la que no está preparado, el resultado solo será mediocre. Borja Villel, como la mayoría de comisarios o curadores, son contadores de historias, pero no son museólogos o diseñadores de exposición. Y ese es el gran problema. Desde que iniciaron su labor profesional se han encontrado con el ‘cubo blanco’ y jamás se preguntaron qué tipo de museología era esa o qué tipo de ideología había detrás. Como mucho han leído un panfleto irrisorio que citan a diestra y siniestra de O’Doherty sobre la ideología del cubo blanco. Entonces, si no sabes cuáles son las otras museologías existentes más allá del dichoso cubo blanco, entonces simplemente haces que tu labor en el museo sea afirmativa de los valores de las élites burguesas. Y todo arte que expongas, por muy radical que sea, se convierte en pura decoración. La casa no se puede empezar por el tejado. El cubo blanco es la museología ideológica perfecta para el MoMA o la Tate y sus objetivos neo-liberales, pero no para un museo como el reina Sofía o el van abbe que se supone persiguen un museo incluyente, educativo y democrático. Si no se deconstruye la museología del cubo blanco y se aporta otro tipo de museologías de carácter contextual, todo se queda en un simple acto gatopardesco que sirve para dar de comer a la ‘crítica institucional’ pero que solo acaba contribuyendo una vez más a la ‘institucionalización de la crítica’, que es exactamente lo que ocurre en el Reina.